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domingo, 22 de octubre de 2017

LA ALMOHADA SURREALISTA


LA ALMOHADA SURREALISTA


El surrealismo como escuela de pensamiento, como movimiento artístico, pero sobre todo como posibilidad de vida, al promediar 1966, se vio inmerso en las aguas de la música juvenil y la contracultura.

En aquellos años, la constante en esas manifestaciones artísticas, literarias, plásticas, y musicales, sería la ruptura. A veces lograda sólo de modo artificial y pasteurizado, otras de forma inconsciente y por lo tanto más infantil y menos duradera, y en menos casos, lograda mediante acciones concretas, conscientes, coherentes y de largo plazo.

La ruptura musicalmente hablando, no había empezado, ciertamente, ese año.
Occidente absorbía a oriente mediante el uso de instrumentos musicales que eran considerados como “exóticos” donde las escalas , los tonos y semitonos eran por decir lo menos “terreno virgen” para una hambrienta juventud musical sobre todo británica, la cual avanzaba también hacia la incesante búsqueda de la “liberación” lo que sea que el término signifique.
Liberación de los sentidos, se decía.
Liberación de la mente, se consignaba.
Liberación musical, se buscaba.


Regresando a las rupturas y las inseminaciones oriente – occidente, desde 1965 había hecho su aparición el sitar hindú en un disco de consumo masivo juvenil, como lo era el Rubber Soul de Los Beatles. 
Ahí en Norewian Wood , se tejían por primera vez en un disco de rock-pop, algunos acordes que terminaron definiendo una melodía y no solamente actuando como elemento de ornato.
Unos meses adelante, los Stones, vía Brian Jones y su devoción a oriente y a los paisajes exóticos, darían la primera (y única) canción, que seguía el derrotero del sitar, con etiqueta de número 1 en popularidad en ambos lados del Atlántico: Paint It Black.  Y ya estábamos en 1966.

Justamente en el trascurso de esos doce meses, las manifestaciones de literatura, pintura y música con aires orientales fueron a invadir las formas y fondos del ritual juvenil en ebullición localizado en la costa oeste de los Estados Unidos. Que acabara siendo un sueño pueril y bobalicón al promediar 1969, no excluye que el perenne deseo de experimentación y fusión de la música pop – rock con otras latitudes y experiencias artísticas, así como el deseo de asimilar las drogas utilizadas hasta entonces como un mero ritual de entretenimiento generador de identidad para ser un canal expansivo de la conciencia (lo que sea que esto signifique) devino en un cambio notorio de los usos de la música, y sobre todo, de la forma en que se presentaba.

Los títulos de los discos y canciones se llenaron de referencias hacia la maquinaria cerebral y sus posibilidades. 

El término psicodelia que había lanzado por primera vez el psiquiatra Humpry Osmond en la segunda mitad de la década de los 50´s de pronto se volvió sinónimo de todo lo que el mundo necesitaba para ser feliz . 


Si en 1965 Jackie De Shannon entonaba la utópica y fresota  “What The World Needs Now” que complementa con un azucarado “It´s Love, Sweet Love”, dos años mas tarde, esa misma consigna se hizo himno generacional planetario, cuando los Beatles también lo declaraban el 25 de junio de 1967. ¿La diferencia?, bueno que además de ser Los Beatles , el mensaje se envolvió en flores, incienso y colores que aludían a la psicodelia – aunque la canción en sí misma no era psicodélica – pero representaba bien a lo que muchos jóvenes aspiraban encontrar en el llamado tren del ácido lisérgico y sus consecuentes efectos sobre su visión del mundo: ¡todo sería más fácil !

Todo sería diferente y por supuesto, el mundo irracional e intransigente de los adultos representado por el statu quo, la maquinaria gubernamental, las instituciones (sobre todo las militares y cualquier mal llamada “fuerza del orden”) sucumbiría ante las luces estroboscópicas, el flower power y las consignas musicales que colocaban a San Francisco como la nueva sucursal del paraíso terrenal.

Ante tal despliegue de autoconfianza y energía liberadora, el efecto no podría ser de largo plazo. Muchas de las manifestaciones gregarias que tuvieron lugar a partir de enero de 1967, primero en el parque Golden Gate de San Francisco y después en los festivales de Fantasy Fair and Magic Mountain Music Festival y por supuesto el Monterey Pop Festival, sirvieron como válvula de escape, aparentemente bien vista por el gobierno y sus aliados capitalistas. En medio de la efervescencia contra cultural, las compañías disqueras mostraban sendos contratos discográficos para artistas recién llegados a la comuna musical y existencialista. Era la forma de premiar y al mismo tiempo controlar, a las inquietas nuevas generaciones musicales.

Todo éste panorama tragi-cómico pudo haber sido peor, de no ser por algunas pepitas de oro musicales que se cruzaron por las avenidas de otras manifestaciones artísticas, obteniendo resultados a veces realmente sorprendentes.

El grupo de Jefferson Airplane, amalgamó la sensación del poderío juvenil mediante experiencias liberadoras, y mas allá de las consignas fáciles de flores en el pelo, trató de obtener – y en ocasiones , la obtuvo- una estética musical muy propia, con letras que apoyaban una propuesta visual, y con música que enmarcaba una actitud desdeñosa de la normalidad.

Después de un álbum cuyo título fue premonitorio y elocuente “Takes Off” (Despegue), donde ilustraron a grandes rasgos de lo que trataría su comuna con dosis de contracultura, blues, hipismo y una presencia femenina que proyectaba una voz de potente autoridad, y al mismo tiempo cobijada por músicos competentes, el Jefferson sentó las bases definitivas de la nueva filosofía juvenil de 1967 con una segunda entrega cuyo sugerente título es una declaración de principios y modus operandi en sí mismo: Surrealistic Pillow.



La almohada surrealista, nombre que por cierto, no se le había ocurrido a ningún miembro de la banda, sino que más bien fue producto de la imaginación desbordada de otro profeta californiano del ´67: Jerry García, el líder de The Grateful Dead.

Surrealismo pues, licuado con ácido, y con música que era diversa y orgánica.
Blues acústico rural desde una Jornada Embrionaria, y goce ritual del mejor pop rock con gotas de ácido en el himno “Somebody To Love”. El conjunto resultaba propicio para esos tiempos que buscaban abrevar en lo imposible, parte del sabor de lo cotidiano. Por eso, aunque la letra de esa canción era más bien común, el envoltorio en el que se presentaba, tanto sónico como visual era completamente de otra escala en aquel rock de finales de 1966.
La consigna finalmente era que se debía romper a la realidad, cualquiera que esta fuera en pequeñas piezas que de preferencia cupieran en una canción pop, para después ser acompañada por colores e imágenes imposibles, o al menos  -y esto era lo que todo mundo quería – poco reales.

Ya lo habría dicho también el propio Lennon en noviembre de aquel mismo 1966 “Nothing is real”, como un mantra obsesivo que le ayudara a regresar a “los campos de fresa, por siempre”

Y si nada es real, la obsesión de gran parte de la comunidad artística, cercana a la música o a las artes plásticas, es mostrarnos una avenida ancha y confortable hacia el mundo surreal y por  lo mismo , hacia todas las posibilidades que generaran experiencias distantes al peso subyugante del fardo de la vida diaria.

André Bretón, el poeta hechicero de la lengua, y máxima autoridad de la alternativa Surrealista, expresaba a través de sus manifiestos ,40 años antes del verano del amor, la necesidad de escapar de las trampas de lo cotidiano, de la mediocridad de una vida completamente alineada a lo que la sociedad dicta como normal, pues al fondo de este callejón sin salida, solamente se encontrará la irremediable pérdida de la fe en si mismo, en el mundo, en la vida.
La automatización de todos los procesos por los que el hombre vive, y deja alguna constancia de su paso por la tierra, se convierten en el mejor guardián de la justa medianía, por lo que , lejos de cualquier arrebato místico, o artístico (que para Bretón era lo mismo), se entierra indefinidamente la voluntad y la vocación de ser humano. 
Ser, con mayúscula y con todos los riesgos que conlleva dicho verbo-piedra-angular.


André Bretón dejaba ésta dimensión el 28 de septiembre de 1966. Apenas un mes antes, Jefferson Airplane despegaba con un sonido atronador que buscaba libertad y colores.
Pareciera que el espíritu errante del llamado “Papa del Surrealismo” ahora buscaba viajar hacia las explosiones de la música pop juvenil, en donde iba a irradiar nueva luz en forma de guitarras electrificadas, colores y letras que hablan de la experiencia de transitar por otras latitudes, ajenas al día a día cotidiano.  La cultura de las drogas ácidas que tenía en un puño a las expresiones musicales y la llamada contra cultura, se enseñoreó dando ludismo, tonalidades imposibles  y provocación, antes de que la desesperanza volviera a verter su escala de grises sobre el horizonte juvenil, al iniciar la década siguiente.

Posiblemente el “Ve, y pregúntale a Alicia”, nunca fue más oportuno como una respuesta ante la vorágine de acontecimientos que rodeaban al arquetipo musical. 

Ese “Ve, y descubre con Alicia” , irradiaba una confianza sólida en la otra cara de la historia, esa que no fácilmente se cuenta, por ser de difícil acceso en las horas de la vigilia, por ser tal vez, la cara brillante de la luna, que se aprecia desde la tierra en una noche de plenilunio. 
Irónicamente y como contrapeso ideal a la ensoñación, la última frase que se escucha en el álbum   “The Dark Side Of the Moon” de Pink Floyd , era una frase dicha por  Jerry Driscoll, el portero de los estudios Abbey Road  y que de manera lapidaria sentenciaba “De hecho no hay un lado oscuro de la luna, toda la luna es oscura” .
Vaya manera de regresar los pies a la "realidad" en 1973.

Pero los años sesenta, al menos la segunda mitad, quisieron abrazar completamente la posibilidad de que sí había un lado brillante y uno oscuro. Y el reto era que toda la luna fuera brillante, de queso, y además estuviera al alcance de un abrir y cerrar de ojos.

Se logró, no solo metafóricamente. El 21 de julio de 1969 la luna pudo ser vista y casi tocada desde la comodidad de un aparato de televisión.

José de Jesús Sampedro, lo puntualizó en su ensayo “André Bretón: en el corazón de un bosque lleno de lobos” del año 1986, cuando de forma particularmente lúcida escribe: “Debemos admitirlo: es injustificado adecuar la contemporánea sensibilidad de la década de los sesenta excluyendo la enseñanza legada por André Breton y por los surrealistas".

Adaptando pues, lo que se plasmó en letras y artes plásticas principalmente a partir de los años 20 del siglo XX, buena parte de la propuesta musical de la segunda parte de los sesenta, se alzó como la evolución natural y sonora  de una idea a veces difusa, a veces demasiado simplista, pero no por ello menos emotiva, para afrontar la represión de un absurdo como la guerra,  la conciencia de masas dictada por unos cuantos o las ideologías que sustentan nacionalismos fanatizados.

 La brecha debía ser insalvable y diferenciadora de generaciones, y el desafío a la normatividad adulta además de romántica y visceral, de pronto se volvió artística.

El arte y el ritual juvenil en una sola explosión. El arquetipo de la sed eterna y el río de caudal inagotable.  Eso fue lo que la generación beat ofrecía, con las letras de Kerouac, de Bukowsky , del mismo Dylan, sin embargo el ritual completo llegó a partir de 1966. Color, voz, música, y una profecía autocumplida en la música y su infatigable búsqueda por distorsionar la llamada “realidad”.
Aquí cabría la insondable pregunta ¿Y a fin de cuentas, qué es la realidad?
Y sería ocioso, pretencioso y francamente un carrusel interminable con altas, bajas , vueltas y vueltas para abordar el ejercicio de responder, y llegar exactamente al punto de partida.

“One pill makes you larger, and one pill makes you small”
Sentencia de forma inicial en la loca carrera de Alicia hacia las profundidades de nuestra mente tratando de develar el asunto espinoso de la realidad. 
Todo depende de la píldora. A veces serás gigante, a veces microscópico, las formas se alargan y perecen en cuanto a lo que conocíamos de ellas en un día común, pero la esencia permanece, la realidad está allí, tan a la mano que asusta tocarla, y cuando se ha decidido moldearla, ya no es arcilla sino agua, y se desprende en caudal eterno e inasible.

"White Rabbit", esa canción-resumen de la idea musical, la imagen surrealista, la disolución de tiempo-espacio-identidad del que canta y el que escucha, la disolución de un beat perteneciente al rock, en un bolero, estilo de composición que Ravel llevó hasta sus máximas posibilidades precisamente en aquellos años cuando el Surrealismo emanaba sus primeros rayos cegadores. 




Puede ser que el Surrealismo haya sido una utopía más del siglo XX.
Puede ser que la sociedad occidental esté demasiado ocupada en calcinar sus recuerdos y también su porvenir en la interminable hoguera del progreso representado por el inexorable paso del tiempo, la cruel y fría y omnipresente realidad y sobre todo la acumulación generosa de capital.

Para una sociedad con semejantes valores, resulta desconcertante por no decir imposible la premisa de encontrar una vía alterna de conocimiento y realización de las capacidades humanas basada en la exploración de otra realidad que nos brindan los estados del sueño o por una técnica de escritura automática.
Era demasiado el pretender que un ser humano puede hacerse uno con su entorno, superar ideologías, credos, quebrar barreras de juicios de valor polarizados que tiñen de blanco o negro las acciones y pensamientos, que juzgan, anulan y constriñen a un solo camino las aspiraciones, que enmarcan de una forma severa a los estilos de vida a los cuales acceder.


Si bien es cierto que como escuela de pensamiento aplicable a la funcionalidad de la ciencia, el Surrealismo ha tenido pocas aplicaciones prácticas, - quizá el campo donde más claramente influyó, y del que igualmente recibió influencia fue el Psicoanálisis -  tampoco es del todo errado citarlo como una de las posibilidades más altas que ha dado la inteligencia humana, y que su huella indeleble se plasmó sobre todo en las artes, la pintura, escultura, arquitectura, cine y por supuesto en la música; además del campo literario.

La búsqueda por la expansión de la conciencia y del acceso a otros puntos de la realidad llevaría a los experimentos con mezcalina a Aldous Huxley, para ser plasmados en su ensayo “Las Puertas de la Percepción”, mismo que serviría para inspirar a un movimiento completo, utópico, social y cultural en los años 60. Poesía y música, dos caras de la misma moneda, abrevaron generosamente en el manantial vivificante del Surrealismo, que al excluir barreras de paradigmas y estereotipos le dieron materia prima a propuestas musicales y literarias.

“Tuve mucho que soñar anoche” sentenciaban The electric Prunes en 1967 como una declaración de intenciones. La pregunta empezó a ser ¿por qué no darle la categoría de Realidad al sueño?


Esta parte de nuestra actividad cerebral se volvió favorita de Syd Barrett, otra vida y mente que encarnaron al Surrealismo hasta sus últimas consecuencias.

En su canción “Bike”, de 1967 sentencia al final : “Conozco una habitación llena de canciones musicales, aunque la mayor parte de ellas son mecánicas. Vamos a la otra habitación y hagámoslas funcionar”


Nos remitimos finalmente a unas esclarecedoras palabras de Terry Eagleton en su obra “La Idea de la Cultura” del año 2000:
“La verdad es producto de una interpretación, los hechos son una construcción del discurso, la objetividad es una interpretación cuestionable de las cosas, medida conforme al poder, y el sujeto humano es tan ficticio como la realidad que contempla”

Y entonces, nos queda un consejo clave para acceder a la reconciliación con la realidad, con sus inabarcables pliegues de su manto, y sus callejones sin salida.
Consejo-sentencia-epitafio que cierra al “White Rabbit” de Jefferson Airplane:

“RECUERDA LO QUE DIJO EL LIRÓN:

ALIMENTA TU MENTE, ALIMENTA TU MENTE”


jueves, 17 de noviembre de 2016

Hermandad en el Rock

Parte 1.
Los Explosivos Davies

  "La familiaridad engendra desprecio"    
     Esopo.
Los hermanos Ray  y  Dave Davies, alma y motor de los Kinks


El amor filial, como quiera que se entienda, puede trascender el espacio familiar de una recámara, o una estancia, un garaje o incluso un salón de clases, para convertirse en un trama creativa que lleva de la mano a dos o más hermanos a convertirse en socios y cómplices sobre un escenario.
Del amor entre hermanos a la ruda y cruda sociedad en un proyecto musical profesional, muchas veces  no queda gran cosa, excepto resentimientos y sensación de pérdida.
Casi siempre que se inicia una carrera musical compartida por seres que provienen del mismo seno materno, las expectativas de éstos, sus familiares y del público en general son muchas. ¿Por qué? , por la simple y llana razón de que se asocia siempre la cercanía de crianza, con el ingrediente básico que busca un grupo humano: La comunicación, la intimidad y la solidaridad. Generar lazos de sangre es a veces tan efímero y tan difícil que es no menos que una utopía.

Los verdaderos fundadores de la civilización: Caín y Abel, ellos , los primeros hermanos en donde se cristalizaba la esperanza de la preservación de la especie, aunque no sabemos exactamente con cual fémina disponible ellos podrían engarzar su masculinidad para que se consiguiera el tan anhelado fin de la reproducción de la especie (¿no sería factible imaginar que todo el alboroto causado entre los dos hermanos muy buenos que tuvieron que pelear, como dice el famoso corrido mexicano  , sería causado por unas caderas femeninas de cadencioso balanceo?).

En este caso, el papel de Dios Padre vendría a ser el del árbitro en partido de fútbol  donde sus decisiones siempre salieran cuestionadas, hasta ocasionar la ira de uno de los congéneres que derivaría en el primer fratricidio de la historia.

Así pues, no es de extrañar que la relación entre hermanos a los que gustosamente los une el amor a la música, se convierta en una aventura que muchas veces termina en tragedia familiar de proporciones épicas, y sensaciones agridulces. Cuando un guitarrista en ciernes tiene a un hermano al que le gustan los mismos estilos musicales, y además sabe tocar el bajo, o los teclados, muy frecuentemente terminarán en la misma banda.

Los peleoneros hermanos Davies, ejemplo clásico y perenne de lo que se puede lograr en una familia disfuncional y una relación de amor – odio entre carnales.
Ray, el hermano mayor, líder de los Kinks, uno de los mejores letristas que ha dado el rock, carismático, e intelectual. Mordaz en sus letras y camaleónico en los estilos por los que ha hecho atravesar a la banda a lo largo de casi 55 años de carrera, aunque con un paréntesis enorme de inactividad, ocasionado precisamente por una continua discordia con su hermano Dave. el menor de los Davies y responsable entre otras cosas de generar lo que para muchos es el riff de guitarra más célebre en el rock, la de su canción número 1 de 1964 : “You Really Got Me” himno Kink por excelencia.


Los hermanos habían crecido en una típica familia londinense de la post-guerra en el barrio de Muswell Hill, en donde la vida era por definición dura y competitiva, marcando el carácter de los Davies para sus actividades escolares y musicales. Cada quien jalaba por su lado , ya que Ray, al ingresar a la escuela de arte Hornsey College, formó varias bandas que no alcanzaban estabilidad y menos notoriedad. Dave Davies también ya había empezado a rolar en algunas bandas de chicos contemporáneos, y fue hasta que un amigo en común y futuro bajista de The Kinks llamado Peter Quaife, logró conciliar la conflictiva relación  de los hermanos, que se gestó su primera aventura musical en común integrando The Ravens, nombre que su productor Larry Page, cambiaría a The Kinks, para la inmortalidad. 

Es de llamar la atención sin embargo, que la banda originalmente fue fundada por Dave y por Peter Quaife, y posteriormente se integraría su hermano Ray, primero como guitarrista rítmico y apoyo en coros, pues las canciones que interpretaban eran en su mayoría compuestas por el menor de los conflictivos hermanos.


 Con el paso del tiempo el talento como letrista de Ray, además de su personalidad controladora y mandona de típico hermano mayor, hizo que se convirtiera en el líder Kink, y comenzara a monopolizar prácticamente toda la función creativa incluyendo la voz principal en casi todas las canciones. Sin embargo, cuando Dave empezó a componer obras mayores como  “ Death of a Clown” en 1967  y Susannah´s Still Alive” en 1968, quedó de manifiesto que también poseía suficiente talento como letrista , además de ser un guitarrista fuera de serie. Es en éste período, siendo ya los Kinks un grupo con  fama y notoriedad , referentes del rock británico, cuando Dave dejó ver parte de sus sentimientos más profundos, precisamente a través de la doliente y exquisita "Muerte de un Payaso". 



Según el mismo lo cuenta en su autobiografía llamada "KINK" , estaba atravesando por un momento en el que no obstante tener todo (dinero, fama, una esposa y un hijo por nacer) se veía a sí mismo como "Un artista de circo. Todos esperaban que fuera el alma de la fiesta, en los pubs, los clubes, o donde fuera. Estaba deprimido. Desencantado. Me molestaba que la gente se aprovechara constantemente de mí de mi generosidad, de mi manera de ser, esperando que actuara y fuera de una manera determinada. Sin tener en cuenta mis verdaderos sentimientos”.  

Ese cúmulo de verdades, tal vez largamente reprimidas y en gran parte causadas por la tortuosa relación con su hermano Ray, fué traducida en una de las letras más logradas e intimistas que Dave pudiera realizar. 

Y no obstante todo ésto, fue el genio musical de su hermano mayor el responsable de enmarcar ésa confesión dolorosa con una música de ensueño, contando además con la participación de la esposa de Ray, Rasa Davies, su cuñada , quien se encargó de los coros etéreos "la, la , la" . La canción salió como sencillo de Dave, y posteriormente fue insertada en el álbum Something Else de la banda, aparecido en aquel mismo 1967.

Dave, siguió componiendo canciones cada vez más solventes, “Susannah's Still Alive” (1968), “Lincoln County” (1968) y “Hold My Hand” (1969). De hecho, el por entonces representante de los Kinks, Robert Wace propició una sesión de grabación para que fuera lanzado un disco como solista de Dave. Todos esperaban que iniciara su propia aventura en solitario después del éxito obtenido por Death of a Clown, sin embargo él mismo confiesa en su autobiografía que el sentimiento de camaradería y unión que imperaba en el grupo eran más importantes para él, por lo que decidió continuar en la nave de los Kinks hasta el final. Podría suponerse que a pesar del dolor o la inseguridad personal, de la agotadora figura omnipresente de Ray sobre sus proyectos y sus ideas musicales, Dave requería esa dosis de familia, de sentirse parte de un grupo, o de un lugar.

Es curioso, pero con todas esas canciones que se acumularon como sencillos, se editó un álbum con el inquietante título "Dave Davies , El álbum que Nunca Fue" , una especie de juego tortuoso del "hubiera" musical.



La formación musical de los Kinks lo deben entre otras cosas a la variedad de temáticas sonoras a los que estaban expuestos por sus otros 6 hermanos. Del jazz al R&B , del blues al vodeville, todo cupo en la licuadora de inspiración que años más tarde se cristalizaría en el legado de los hermanos Davies.  Sin embargo, fue la forma de narrar diversas aristas de la sociedad inglesa, aunado a un desarrollo en el concepto de la canción pop lo que llevó a Ray Davies a convertirse en uno de los más prolíficos y geniales compositores, no solo del Rock, sino de gran parte de la música popular de la segunda mitad del siglo XX.

Portada del álbum "Phobia" de 1993
El caso de los hermanos Davies,  aunque plagada de tensiones internas por los caracteres explosivos y ególatras de ambos, no deja de ser espectacularmente conmovedor, pues en todos los discos oficiales de la banda desde 1964 hasta 1994, es decir, a lo largo de 30 años de grabaciones, los únicos miembros permanentes y originales han sido ellos. 

Prueba de que el genio creativo de los Davies lírica y musicalmente, trascendió pleitos y desencuentros. A partir de 1996, cuando oficialmente se disuelve la banda, cada uno de los hermanos se embarca en sus proyectos solistas, y es Dave quien ha editado más discos, posiblemente por la necesidad de encontrar al fin un espacio propio para desahogar la creatividad que muchas veces le fue regateada con vehemencia por parte de Ray.


Acostumbrados a competir por la atención de sus padres, en una familia de ocho hermanos donde ellos fueron los dos únicos varones, Dave asegura que Ray ha sido feliz solamente durante tres años en toda su vida “ esos tres años fueron los que él vivió antes de que yo naciera”  comenta de manera lacónica el gran guitarrista.

El hecho de tener una competencia permanente, y de lidiar con sentimientos muchas veces confusos y contradictorios ha generado en Dave cierta actitud de reserva y desconfianza hacia su hermano Ray, de quien dice, “Es una persona con serios problemas de Narcisismo y desordenes de conducta relacionados con delirios de grandeza”. En 1973 Ray Davies tuvo un intento de suicidio, después del cual fue diagnosticado como una persona con transtornos maniaco-depresivos.

En la biografía “Ray Davies, a Complicated Life”, el autor Jhonny Rogan llega a la conclusión después de haber entrevistado a muchas personas que convivieron con los Davies, de que “Ray es una de esas personas de las que no se puede decir alguna palabra positiva (referente a su carácter) después de haber trabajado de cerca con el.”

Dicha apreciación después se vuelve extensiva al hermano menor, y al final se relata de forma tragi-cómica que cuando estabas cerca de los Davies en el plano laboral, terminabas experimentando una especie de “Síndrome de Estocolmo” en el cual los secuestrados producen sentimientos de aprecio y empatía hacia sus captores.

Dave Davies sufrió un ataque al corazón, cuando tenía 57 años, por lo que tuvo que permanecer inactivo, sin poder hablar ni moverse durante un buen período de tiempo , su recuperación fue muy lenta y problemática. Dave recuerda éste suceso como una oportunidad que tuvo para conocer mejor a su hermano, porque como él mismo lo expresa “En esos momentos difíciles, siempre esperas el apoyo de tus familiares, pero no sabía si Ray se sentía contento o ¡celoso! de mi enfermedad, ya que por primera vez en mucho tiempo, las atenciones las tenía yo. Incluso cuenta que a pocos días de haber sufrido el mencionado colapso, supo horrorizado que Ray pedía a gritos un doctor por un terrible dolor de estómago. El médico arribó a su domicilio en plena madrugada y después de revisar al “Jefe Kink” se limitó a decir, “su estómago está perfecto, el problema es que Ray requiere más atención”.


Tal vez ese fue el meollo del asunto en la conflictiva relación filial. Un hermano mayor dotado con una capacidad extraordinaria para ser cronista, un observador agudo y un líder que se apoya más en sus habilidades intelectuales que en el manejo adecuado de sus relaciones interpersonales, haciendo frente y contrapeso a el hermano menor que vino a quitarle la atención de sus padres, que fue dotado de un virtuosismo musical y que prefiere vivir experiencias y no contar lo que otros viven.  

El eterno conflicto entre los roles familiares pre asignados y por tanto, muy interiorizados por ambos personajes. Tanto así que Dave alguna vez recordó con cierta amargura “ Ray es un auténtico vampiro. Me succiona completamente mis ideas, mi creatividad, mis emociones. Es realmente un ser tóxico para mí”

Durante la grabación del álbum Uk Jive en 1989, surgió una pelea de proporciones épicas, precisamente cuando Ray le metió mano a la mezcla de la canción “Perfect Strangers” la cual es de autoría de Dave, y significaba en aquel momento mucho para él. Es curioso, pero en el formato del álbum en vinyl (que por entonces era el formato que aún se consideraba dominante) no apareció la canción, y solo aparece en el formato de CD. 
El caso es que al regresar de un descanso de fin de semana, Dave se dio cuenta de que se había modificado sustancialmente el sonido de su guitarra durante la mezcla comandada por Ray , lo que sigue es un intercambio de “sutilezas” entre los hermanos:

Dave: “ Como se supone que puede expresar lo que yo soy realmente si te la pasas tomando mi energía”  
Ray:  “Puedo hacer lo que se me venga en gana, ya que YO SOY UN GENIO” 
Dave: “No eres ningún genio solamente eres un Pen…

Acto seguido empezaron los golpes y el caudal de insultos cada vez mas subidos de tono.  Uno de los asistentes del estudio comentó después que nunca había visto a dos seres humanos recriminarse y herirse de esa manera, menos aún siendo hermanos (se nota que nunca ha viajado a México).

En pleno declive, y como hacía ya más de dos décadas, los incorregibles Davies continuaban con sus pleitos dentro y fuera de los estudios  de grabación, sin embargo, el efecto lacerante del genuino maltrato verbal y físico, era más notorio y cual gangrena , acabó de forma más rápida y fulminante con el por entonces ya moribundo cuerpo musical de los Kinks, no sin antes recibir la entronización al recinto de los inmortales en 1990: El Salón de la Fama del Rock and Roll.

Desde 1996 no volvieron a trabajar juntos. Por sus propias declaraciones se conoce que podrían pasar dos o tres años sin cruzar media palabra, y cuando lo hacían por exigencias de negocios era mediante un correo electrónico. Casi nunca en persona. Finalmente el ayuno de amor filial terminó el pasado 19 de diciembre de 2015, cuando Ray subió al escenario del Islington Assembly Hall, en Londres, durante un concierto ofrecido por su hermano menor. Ahí, sin previo aviso ni ensayo (al menos eso se dijo oficialmente) los dos hermanos interpretaron “You Really Got Me” , como un regalo anticipado de navidad.

 Este acontecimiento abrió las puertas para que se especulara una reunión para fin de año de éste 2016, donde además participara el baterista original de la banda Mick Avory y posiblemente el bajista John Dalton o el tecladista John Gosling, quien estuvo durante casi toda la década de los 70`s con ellos.

La histórica reunión del 19 de diciembre de 2015

Una reunión después de 20 años de silencio sería una espada de doble filo. La mejor prueba de que el amor a la música de éstos peleoneros hermanos, trascendió sus diferencias, o quizá el amargo punto final que requieren pasar antes de decirse adiós definitivamente, ya que el final del camino se acerca peligrosamente para ambos. 

Respecto si algo cambiaría en su relación, el mismo Ray se encargó de señalar en una entrevista que se le realizó en 2008 sobre un posible retorno Kink , que finalmente “Yo seguiré siendo el hermano mayor, por lo que le guiaré, le forzaré y le educaré, y cuando llegue la hora supongo que le volveré a gritar” 

Es curioso observar a dos ancianos que al final del camino se reencuentran haciendo lo que siempre amaron, para lo que fueron tocados por los dioses, en un escenario modesto, lejanos los días de estadios y de gloriosas canciones como “Waterloo Sunset” , “Lola” , “See My Friends” “A well respected man” y muchísimas otras. Los dos hermanos con problemas para moverse, uno de ellos con su inseparable Gibson en la mano, el otro, ataviado con un pequeño sombrero de felpa, abrigo corto de lana inglesa y una botella pequeña con agua, para afinar la garganta. Después de un breve saludo , el líder Kink vuelve al centro del escenario, casi inmóvil, con una cansada pero aún poderosa voz, el magnetismo de su sonrisa burlona vuelve a atraer sobre sí los aplausos, los reflectores, las miradas… A su lado, observándolo, apoyando cada fraseo de su voz  con su incomparable riff,  Dave Davies vuelve a ser joven, vuelve también a realizar los coros, vuelve a ser cómplice y admirador de su hermano, vuelve al solo de guitarra inmortal en el puente de la canción, vuelve a incendiar la tonada inmortal : “You really got me”

Sin duda un buen epitafio compartido para ellos sería parte de la letra de aquel corrido que inmortalizara el Charro Avitia: “Dos hermanos muy buenos que tuvieron que pelear”, pues parece que a través de sus interminables sainetes, papelones , dimes y diretes, los Davies tuvieron el suficiente combustible para mantener viva la llama Kink.


Los dos como parte de un ying yang disfuncional, un virtuoso de la palabra, un virtuoso de las seis cuerdas, un par de músicos que en el fondo (tal vez muy en el fondo) de sus imbatibles egos, guardan un genuino amor filial, el uno para el otro.

lunes, 3 de octubre de 2011

Schizophrenia, la ezquizofrenia del Jazz

Hablar de ezquizofrenia es meterse muchas veces en camisa de once varas, si no se es un especialista en la materia. El término suele ser confuso, pero de igual forma, ha sido ya tan trivializado por propios y extraños de psiquiatría y psicología que se ha convertido a veces hasta en un cliché de esta mal entendida época post moderna y globalizada.

La esquizofrenia, entendida en los más simple del término alude a un desorden mental que provoca una especie de "división" - de ahí el término que proviene del griego schizein (romper o dividir) y phrēn (razón o entendimiento), es decir una mente dividida, la cual confunde y desvirtúa la realidad , la cual ya no se fía de los filtros de los sentidos, que nos sirven como ventanas para percibir el mundo.

El término pues, resulta especial , cuando no francamente efectivo para designar un trabajo discográfico. 

Portada del álbum Schizophrenia de 1967

Y es que mas allá de llamar la atención con el título, el álbum de Wayne Shorter de 1967, editado bajo el sello Blue Note, es efectivamente un trabajo que podría denominarse "border" dentro del jazz.  En la auténtica frontera entre el saber y el querer, entre las tradiciones del post bop -escuela o sub género al cual Shorter había enriquecido a lo largo de los 60´s con su sonido y sobre todo mediante sus composiciones, las cuales muchas de ellas, se han convertido con el paso de los años en nuevos "standards" del jazz - y lo que a partir de los trabajos de Ornette Coleman, Eric Dolphi y el gran "Trane" Coltrane, fué denominado free jazz. 
Este disco marca uno de los primeros intentos serios de Shorter por asimilar el sonido de "Free Contenido, o Pseudo-Libre" que había desarrollado de la mano de Miles Davis en su célebre "Segundo quinteto" el cual a partir de 1964 habría revolucionado una vez mas el sonido sincopado al presentar ese eslabón casi perdido entre el jazz modal y el free. Wayne Shorter , junto con Herbie Hancock, Tony Williams, Ron Carter, y el propio Miles Davis le habían entregado al mundo una maravillosa innovación cuando ya nada parecía probable por innovar.


Miles Davis y Wayne Shorter , durante un concierto en 1965


Wayne, además de ser un espléndido intérprete del sax tenor, se había convertido poco a poco en un verdadero referente como compositor dentro del Jazz. Es innegable que tras la partida prematura de Coltrane a otra dimensión, el mundo del jazz volvió sus ojos hacia Shorter.
Se ha hablado mucho acerca de que si fué su auténtico sucesor,  y aunque con el paso del tiempo Shorter ha alcanzado un lugar por méritos propios y por haber desarrollado un lenguaje musical también muy particular, la sombra de Coltrane siempre ha estado muy cerca de él. Desde su parecido físico, su intención en el ataque de las notas, su complejidad en el desarrollo de escalas politonales, y sobre todo su interés en impregnar de misticismo y espiritualidad su música.  No se equivocaba Coltrane al recomendarlo con Miles Davis para que ocupara su lugar en el quinteto, en 1960.

Finalmente,  Shorter pudo desarrollar una vertiente realmente interesante de la Fusión, ese sub género  que había ayudado a nacer a lado de Miles al grabar Bitches Brew en 1969, al convertirse en líder de Weather Report junto a Joe Zawinul y desarrollar otro lenguaje que uniría al rock con el jazz durante los años 70´s bajo las alas de uno de los grupos más completos y sofisticados, incluyendo en el bajo eléctrico al virtuoso Jaco Pastorious.

El SuperGrupo Weather Report, al centro, Wayne Shorter

 
Y Schizophrenia muestra perfectamente esas dos etapas de Shorter. Al ser básicamente un álbum que se mueve al filo del post bop,  y también entrando en terrenos del Free, nos recuerda a cada corte musical que en los años finales de la década de los 60´s, Shorter ya había acumulado suficiente conocimiento y sobre todo auto-confianza, reflejo de sus cada vez mejores composiciones que habían llenado dos o tres trabajos anteriores y que se pueden considerar como verdaderos clásicos del género.

Para Schizophrenia decide llamar a sus compañeros de andanzas con Miles: Herbie Hancock en el piano y Ron Carter en el bajo, pero además cuenta con James Spaulding tocando el saxofón alto y la flauta, lo cual hace evocar a Eric Dolphi, Curtis Fuller, trombinista épico que había dado consistencia a muchísimas grabaciones en Blue Note (incluyendo a Blue Train de... si adivinaron, John Coltrane, en 1957) y  Joe Chambers, un baterista bastante solvente para efectuar cambios de ritmo sorprendentes y mejorar los saltos cuánticos entre el Bop, el Jazz Modal y la Fusión, triple leimotiv del presente trabajo discográfico.

Así, Shorter nos sorprende con una especie de alineación ampliada, pues es raro encontrarlo trabajando con sextetos en otros discos anteriores como líder, sin embargo aquí se presiente un poco lo que un par de años mas tarde se convertiría en el nuevo paradigma de la modernidad en el Jazz, donde grupos amplios conservan la identidad para cada ejecutante, marcando un hilo conductor ténue pero sólido alradedor de la figura del líder de la agrupación. Aún no existen instrumentos electrónicos en Schizophrenia, pero el espíritu vanguardista de la Fusión, ya se encuentran ahí, al menos en estado embrionario.

"Tom Thumb" aún suena al mejor Post Bop, con líneas melódicas claras y un tema con ataque clásico por la sección de metales. "Go" , es sumamente sensual y hace recordar el espíritu de "Speak no Evil" de 1964, con un Herbie Hancock a plenitud, el tema que da título al álbum "Schizophrenia" se presenta vertiginoso en los cambios de acordes, una llamada de atención hacia Coltrane, cuyo fantasma ronda por la pauta de éste track. Luego llega "Kryptonite" una pieza original de Spaulding, que hace lucir su flauta y nos recuerda que nuevas épocas están por llegar, "Miyako" es un remanso reflexivo y nos muestra a un Shorter maduro y paternal, pues la pieza tiene el nombre de su entonces pequeña hija, y finalmente "Playground" que muestra toda la fuerza del sexteto y sobre todo el punch contenido de Wayne, saliendo y entrando sin llegar a ser previsible,  justo cuando se requiere, ni mas ni menos.

Después de éste álbum , Wayne iniciaría su aventura eléctrica sin mirar hacia atrás.
Atado un tiempo más al genio de Miles, con quien alcanzaba definitivamente al futuro enmedio del huracán que significaría Bitches Brew, y luego con su propio proyecto setentero, Weather Report, éste prolífico compositor y virtuoso ejecutante que naciera en 1933 se convertiría con el paso del tiempo en una referencia obligada para comprender el tránsito entre la síncopa de los años sesenta al mejor estilo de Blue Note y el paso al beat electrico que correspondería al nuevo ADN del jazz a partir de 1970.

Les dejo ahora el tema Kryptonite, escuchen por favor a James Spaulding abriendo el track con su flauta.

Hasta pronto!!!